Patatas con queso gratinado: receta al horno
Las patatas con queso gratinado tienen ese poder especial de convertir un acompañamiento sencillo en el plato del que más repiten todos. La mozzarella fundida sobre las rodajas de patata cocida, con ese color dorado que da el horno y el fondo sutil de mostaza en la salsa, hace que este plato no pase desapercibido en la mesa. Si nunca lo has preparado, vas a sorprenderte de lo fácil que es y de lo mucho que gusta.
La clave está en dos cosas: cocer bien las patatas antes de meterlas al horno —sin que se deshagan— y preparar la salsa de queso con paciencia para que luego gratine con el resultado que buscas. Te lo cuento paso a paso y sin complicaciones.
Ingredientes para las patatas con queso gratinado
- 4 patatas medianas (unos 800 g en total)
- 1 cebolla mediana (unos 150 g)
- 2 cucharadas rasas de harina de trigo (20 g)
- 1 cucharada de mostaza de Dijon
- 250 ml de leche entera
- 300 g de mozzarella rallada
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal al gusto
Con estas cantidades salen unas 4 raciones como guarnición o 2 raciones si sirves esto como plato único. Las patatas tipo agria o monalisa funcionan muy bien aquí porque tienen menos almidón y quedan firmes tras la cocción.
Preparación paso a paso
Paso 1: Cuece las patatas
Pela las patatas y córtalas en rodajas de unos 5 mm de grosor, ni muy finas ni muy gruesas. Si las haces demasiado finas se rompen en la olla; si quedan muy gruesas tardan más de lo esperado y el gratinado puede quedarse crudo por dentro. Ponlas en un cazo con agua fría y una pizca de sal, lleva a ebullición y cuece entre 8 y 10 minutos a fuego medio. Para saber si están listas, clava un tenedor en una rodaja: debe entrar con cierta resistencia pero sin que la rodaja se parta. En cuanto estén, pásalas a un bol con agua fría para cortar la cocción. Esto mantiene la textura y evita que se queden harinosas. Escurre bien y reserva.
Paso 2: Sofríe la cebolla
Pica la cebolla en trozos pequeños. En una sartén ancha echa las 2 cucharadas de aceite a fuego medio y sofríe la cebolla unos 5-6 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté transparente y empiece a coger un poco de color. Cuida que no se queme: solo queremos que pierda el sabor crudo y quede dulce. Si ves que va demasiado rápido, baja el fuego.
Paso 3: Prepara la salsa de queso con mostaza
Con la cebolla ya pochada en la sartén, añade las 2 cucharadas de harina y remueve rápido durante 1 minuto a fuego medio-bajo para que la harina se tueste un poco —eso elimina el sabor a crudo que luego se nota en la salsa—. Baja el fuego al mínimo, agrega la cucharada de mostaza de Dijon y los 250 ml de leche poco a poco, sin dejar de remover con unas varillas. Cuando la mezcla empiece a espesar —unos 3 minutos— echa los 300 g de mozzarella rallada y sigue removiendo hasta que el queso se funda por completo y tengas una salsa cremosa y uniforme. Retira del fuego.
Paso 4: Monta la fuente y gratina
Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo. Coloca las rodajas de patata en una fuente para horno, solapándolas un poco para que queden bien compactas y la salsa no se cuele por los huecos. Vierte la salsa de queso por encima, repartiendo bien para que cubra todas las patatas. Mete al horno durante 10-12 minutos. Cuando veas que el queso burbujea y la superficie empieza a dorarse, ya están listas. Si quieres más color, dale un golpe de grill 2-3 minutos al final del todo, con cuidado de no quemarlo.
Trucos para que salga perfecto
La mostaza: usa mostaza de Dijon, no la mostaza amarilla americana. La de Dijon tiene más cuerpo y un punto picante que complementa muy bien el sabor neutro de la mozzarella. Si tienes mostaza a la antigua —la de los granos enteros—, también funciona estupendamente y le da un aspecto más rústico a la salsa.
El queso: la mozzarella rallada es la elección clásica porque funde bien y da esa textura elástica característica. Pero puedes mezclarla con 50 g de parmesano rallado para un gratinado con más sabor y un dorado más pronunciado. Yo suelo hacer esa combinación cuando tengo los dos en la nevera y el resultado es aún mejor.
Si las patatas quedan blandas de más: reduce el tiempo de cocción inicial a 6-7 minutos. El calor del horno durante el gratinado también las sigue haciendo por dentro, así que no hace falta que estén del todo hechas cuando las saques de la olla.
Este plato va de lujo como guarnición de unas brochetas de pollo con salsa de miel y balsámico. Y si te van los platos con queso fundido como protagonista, el risotto de berenjena con queso tampoco te va a decepcionar.
Preguntas frecuentes
¿Puedo preparar las patatas gratinadas el día antes?
Sí. Cuece las patatas y prepara la salsa el día antes, guárdalas por separado en la nevera tapadas. Al día siguiente monta la fuente y hornea directamente: puede necesitar 2-3 minutos más porque los ingredientes estarán fríos al empezar.
¿Cuánto duran las sobras?
Bien tapadas en la nevera aguantan hasta 3 días. Para recalentar, mejor al horno a 180 °C durante 10 minutos que en el microondas, que deja el queso con textura gomosa.
¿Puedo sustituir la mozzarella por otro queso?
Claro. El Emmental funde bien y da un sabor más intenso. El Gruyère es otra opción excelente para gratinar. Evita el queso fresco (no funde bien) y el queso curado muy seco (queda correoso y no da ese efecto de queso derretido que buscamos).
¿Con qué plato principal queda mejor?
Como guarnición va perfecta con carne a la plancha, pollo asado o un pescado blanco al horno. También puede ser un plato único ligero si metes algo de proteína entre las capas de patata antes de hornear: jamón cocido, beicon a dados o incluso atún.
¿La mostaza se puede omitir?
Puedes omitirla si no te gusta el punto picante, aunque la receta pierde parte de su gracia. Una alternativa más suave es añadir media cucharadita de pimentón dulce a la salsa, que le da color y un sabor diferente sin el picante de la mostaza.
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